10 de December de 2020

Entrevista concedida poer la revista CATALUNYA – El Economista, realizada por el periodista Àlex Soler y publicada por el medio el 7 de diciembre de 2020. (Páginas 36 y 37)
Fuente: https://s03.s3c.es/pdf/3/5/358bcf37855d9c7d3e2c4c6378a32745_catalunya.pdf
GRUPO SIFU, 27 AÑOS LUCHANDO POR LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD
El Grupo Sifu nació en 1993 con el objetivo de dar oportunidades laborales a personas con discapacidad.
27 años después, cuenta con una plantilla de 5.000 personas, la mayoría de los cuales tiene algún tipo
de discapacidad, para llevar a cabo servicios de externalización para otras compañías.
El pasado 3 de diciembre fue el día internacional de la Discapacidad, una jornada especial en la que concienciarse sobre las dificultades que sufren las millones de personas que sufren algún tipo de discapacidad en todo el mundo. Establecido en 1992 para promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidades en todos los ámbitos de la sociedad y el desarrollo, este día busca facilitar el trabajo de empresas como el Grupo Sifu, que desde hace décadas luchan por los derechos de este colectivo y por facilitarles el acceso a la educación y el trabajo. El Grupo Sifu nació en 1993 de la mano de Alberto Campabadal con el objetivo de ampliar el campo de contratación laboral para este colectivo a través de la localización de conjuntos de viviendas que quisieran externalizar sus servicios para dedicarse al core de su negocio para ofrecerles su personal y su gestión.
“Somos la empresa privada que contrata a más personas con
discapacidad en España”, expone Cristian Rovira,
vicepresidente del Grupo Sifu. El principal activo del
grupo es el Centro Especial de Empleo (CEE), líder
en la prestación de Facility Services. El CEE ha evolucionado
desde su primer cometido a una solución
completa para todas aquellas compañías que quieran
externalizar sus servicios. “Tenemos casi 5.000
trabajadores, el 89% de los cuales tienen algún tipo
de discapacidad. El 30% son personas con grandes
discapacidades”, explica Rovira, que detalla que “no
somos una ETT, hacemos servicios con personas
con discapacidad para las empresas que quieran
externalizar su servicio, ya sea jardinería, consejería,
reposición… Nosotros asumimos estos trabajos
con personas con discapacidad”.
El papel de empresas como el Grupo Sifu, o por ejemplo, La Fageda -ver número de noviembre-, es que no solo luchan por dar trabajo a personas con discapacidad, sino que velan por garantizar sus derechos.
“Cuando se habla del concepto de discapacidad
piensan en trabajos de poca calidad, pero nosotros
reenfocamos el tema. No queremos que nos
compren por servicios sociales, sino por la calidad,
la profesionalidad y el precio. Enfocamos muy bien
a estas personas porque hay cosas que pueden
hacer y las hacen muy bien” dice Rovira. “La diferencia
de lo que era hasta ahora el sector es que antes
era muy social, enfocado en la discapacidad. Nosotros
nos enfocamos en la capacidad de estas personas”,
añade. Sifu trabaja con esta misión y tras
superar como pudo la crisis de 2008 y tras unos
años de mejora llegó el Covid-19. “Las personas con
discapacidad tienen el doble de paro que las que no
tienen discapacidad. Cuando llegó el Covid-19 el
impacto fue duro”, recuerda Rovira. La diferencia en
este caso es que las autoridades mandaron a los
grupos de riesgo quedarse en casa y las personas
con discapacidad debían quedarse en casa por lo
que muchas perdieron su trabajo o, los trabajadores
de Sifu, debían permanecer en sus hogares, algo
fatal teniendo en cuenta que, como explica Rovira,
“estas personas tienen necesidades de atención,
seguimiento y de asistencia diaria”.
Esfuerzo, educación y evolución
Al Grupo Sifu el Covid-19 le afectó en forma de los Ertes que presentaban sus clientes, dejando en ocasiones de contratar sus servicios para poder subsistir.
Aun así, Rovira quiere recordar y poner en valor que “muchas personas con discapacidad dieron la cara día a día durante la pandemia. Como externalizador de servicios realizamos tareas como la limpiezade hospitales o de reposición de productos yen los peores momentos estuvieron ahí reforzando hospitales y reponiendo en primer línea”.
“Hay que protegerlos pero han dado la cara por todos, han
demostrado que pueden trabajar y que lo pueden
hacer muy bien”, recuerda.
Según Rovira, la perspectiva de futuro es moderadamente
optimista. “En épocas de crisis hay más
tendencia a la subcontratación porque las empresas
son más proclives a externalizar. Esto nos puede
ayudar”, reconoce. Para el directivo de Sifu, además,
con el tiempo se ha evolucionado y las tareas llevadas
a cabo por personas con discapacidad están
cada vez más normalizadas y además hay una ley
que obliga a las empresas de más de 50 empleados
a que el 2% de su plantilla sean personas con
discapacidad. Esta ley de los 80 es positiva para el
colectivo, pero Rovira insta al Gobierno a “poner
medios para cumplirla. Reclamamos que la administración
que pone una ley también debe poner los
medios para que se cumpla porque esta no se cumple”.
Así como hay muchas empresas que sí lo hacen, otras muchas no. Sifu seguirá con su cometido cueste lo que cueste, aunque desde la compañía reclaman más facilidades para llevar a cabo su misión sin las trabas impuestas por lo legal y por lo moral. “Tenemos que tener más certificados de lo normal y solo por trabajar con personas con discapacidad tenemos una desventaja, porque siempre tenemos que demostrar que lo que decimos que podemos
hacer, lo hacemos bien. Una vez superada esta barrera, es cierto que la posibilidad de que nos reclamen para otros trabajos sube”, dice Rovira, que se alegra
de que “cada vez haya más empresas que cumplen sus obligaciones para con las personas con discapacidad por convicción, no por obligación”. A este punto, en el que todavía queda mucho por avanzar, se ha llegado desde un pasado que ahora,
contado, resulta aterrador.
“Ahora son personas con discapacidad pero hace décadas
los llamaba tullidos, inútiles, tarados…Después pasamos al minusválido
y ahora al discapacitado. Esto quiere decir
que ahora tienen una educación inclusiva, pero que
antes no podían ir a la escuela, por lo que no podían
formarse y hacer servicios con mayor capacidad,
eran servicios de poco valor añadido”, reflexiona
Rovira. “Nuestros trabajos son de bajo valor añadido
porque muchos trabajadores no pudieron ir a la
escuela por eso, pero cada vez avanzamos más y
podemos acoger personas más capacitadas que
desempeñas servicios valiosos y de calidad”.
La sociedad avanza gracias a empresas como Sifu.















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